viernes, 22 de junio de 2012

La Última Niebla



(Homenaje a María Luisa Bombal)
W.B.U.

Se alejaba la lluvia como una bandada de pájaros húmedos
y ella envolvía en deseo cada uno de sus pasos,
hurgando la tierra para buscar su olor, profundo y mojado,
cuando comenzaba a incendiarse el poniente,
cuando la noche comenzaba a nacer.

Con su mirada de fuego ya extinguida
y sus labios mustios atiborrados de secretos,
se atormentaba en un matrimonio quieto
hasta que su hastío fue iluminado por otra vida.

Lo volvió a ver tratando furiosamente
de acariciar y desear su fresca carne,
pero el  marido encontraba siempre,
entre él y ella, el recuerdo de la muerta.

Cansada del brebaje de la rutina denigrante,
se entregó al juego oculto,
porque la belleza de su cuerpo ansiaba,
su parte de homenaje en esta vida.

Le fue dulce el quejarse
y dulce a su cuerpo fue el cansancio
infligido por la preciosa carga
que pesó, a escondidas, entre sus muslos.

Después de alcanzar su pequeña muerte,
volvió a sus paredes y rituales,
y a una noche llena de fantasmas,
que amenazaba con ser muy larga.

Al no poder tenerlo es muy posible que,
más de una vez,
haya deseado morir en brazos proscritos,
porque, en ocasiones, se ama demasiado la vida.

Tan sólo con un recuerdo
se puede soportar una larga vida de tedio
y ella transformó cada minuto en una espera,
hasta que la última niebla prestó a las cosas
un carácter de inmovilidad definitiva…

viernes, 11 de mayo de 2012

Tocarte



















Tocarte,
desde las heridas a tus secretos,
y guardar en la noche de mis aprietos
el sabor dulce de tu piel,
para seguirte siendo fiel
a pesar de tus temores...

Tocarte,
sintiendo el miedo
a tu arrebato,
y guardar en la noche de mis silencios
el aroma que me trae el recencio
junto a las primeras convulsiones…

Tocarte,
tocarte siempre y a toda hora,
con manos exploradoras
avanzando bajo tu blusa
y tocarte sin excusas
para libarme con tu miel…

Tocarte,
tocarte con desmesura
para saciar la premura
de tu piel de albricias,
que implora por mis caricias
para convertirse en candiel…

Tocarte…
¿en qué lugar?
¿a qué deshora
te dejarás tocar?

sábado, 18 de febrero de 2012

Cuelgo mis heridas como medallas










Cuelgo mis heridas como medallas,

en esta piel que se va resquebrajando

y en este camino no me van quedando,

más que estos trágicos dolores canallas.

Con ellos aprendo a vivir cada segundo,

como vienen los golpes voy resistiendo

a veces, pareciera que estoy pereciendo

pero mi corazón surge siempre, furibundo.

Cuántas veces he presentido mi muerte

y no es porque tenga sangre de horchata

sino sólo por saborear mi maldita suerte.

Pero continúo caminando con corbata

porque sólo te hace un poco más fuerte

aquel dolor horrendo que no te mata.