sábado, 21 de diciembre de 2013

Besos en la alfombra














En la radio, Tracy Chapman
solloza su huida en el auto rápido de su novio,
mientras yo le pongo freno a mis manos.
Afuera la calle está vacía y gris,
pero no me importa,
porque desde hace tiempo
que caminas por las avenidas
iluminadas de mi memoria.
Hoy es fiesta en este cuarto de hotel,
porque acabas de llegar,
atardecida e inquieta,
tu pecho jadea como la primera vez.
Los arreboles de tu piel,
acusan un pudor contenido
en el cielo rubicundo de tus mejillas,
cuando mi mano baja, lentamente,
el cierre eclaire que desciende por tu espalda.
Te dejas caer,
como el pétalo de una rosa
sobre el prado cómplice de la alfombra
y llega el beso en el que bebo
ese aire pesado que va y viene,
mientras tus ojos y mis ojos son un solo ojo
que se mira y es mirado en un único universo…
Entonces tiemblas entera,
como una luna en el agua,
mientras yo
ciñendo voy tu cintura
encendida de deseos
con un cordón de besos
que baja hasta ese: tu secreto…
Mis besos y mi lengua
le pusieron jáquima a tus caderas
que encabritadas sentenciaron
tu vocación de rotunda hembra…

211213

miércoles, 31 de julio de 2013

Aprovecha el momento


(Dedicado a mis alumnas y alumnos de Octavo Año Básico, 2011)



Preocupado por lo corta que es la vida,
ilusión que en cualquier momento acaba,
Robert Herrick, el viejo poeta inglés
este consejo a las vírgenes entregaba:
“Coged las rosas mientras podáis,
veloz el tiempo vuela,
la misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta”.


“Carpe diem”, es la idea
traducida como “aprovecha el momento”,
ya que seremos pasto de los gusanos,
nos enfriaremos…
La gran pléyade de cuantos nos han antecedido
se ha sentido poseedora de grandes cerebros, recias estampas,
invencibles casi siempre.
Muchos se creyeron destinados a grandes cosas,
pero fueron atrapados,
porque quizás demasiado esperaron
para comenzar a hacer de sus vidas
lo que alguna vez soñaron.


Hoy están criando flores,
o sus minutos se les escurren
entre fútbol o peluquerías,
como un aceite agrio que les gotea
y les mancha sus escritorios
a los cuales están anclados, engrillados sin saberlo.
Estiran de vez en cuando sus espaldas,
limpian sus anteojos y vuelven a llenar libros
o planillas Excel,
con números que susurran el rumor de otros muertos,
sombrío consumidores, simples consumidores
a quienes se les escurrió la vida, tristemente,
porque no recogieron a tiempo las flores,
porque dejaron pasar la vida
como un ruidoso pasacalles,
mirado desde la vereda o tras la sombría ventana.
¡Aprovecha el momento!, no dejes que el día
se te derrita entre los dedos,
cuando no sepas qué hacer,
sólo ponte en movimiento,
arrástrate, gime, ríe, avanza,
da la pelea, aunque parezca perdida.
Si no sabes qué hacer,
sólo haz lo que siempre has soñado.
¡Aprovecha el momento!,
haz de tu vida algo extraordinario,
porque la única verdad es que,
como decía Whitman, después de todo,
el drama de la vida seguirá allá afuera
acosándote, aguijoneando,
atrapándote con su hambre.
El drama de la vida seguirá allá afuera,
pero tú puedes contribuir con un verso…





W.B.U.
140511

viernes, 5 de julio de 2013

Es hora


(Dedicado a Socorro Melgarejo, poeta española)

El universo delicado de tus ojos
es la plácida puerta a la que llego
somnoliento y esquivo de andares,
noctámulo de caprichos y miedos,
esparciendo versos que se encienden
y que hierven a propósito,
sin tu permiso,
en el horno de tu piel…

El tiempo ha golpeado
siete veces siete a la puerta de mi casa,
ya es hora de que tú y yo
encontremos, otra vez,
el reflejo nuestro
esculpido en la curvatura luminosa
de nuestras pupilas.

Es hora de que volvamos
a sembrar el cielo de estrellas,
de recoger yo, con mi lengua inquieta,
el jugo azul de los arándanos
que se escurren, graciosos,
por la comisura de tus labios.

Necesito colgar otro verso
en el fuego níveo de tu piel…
que nos llovamos el uno contra el otro,
con las bocas abiertas,
porque no importa
dónde surge y acaba todo,
porque somos todo Tierra
y todo Cielo
y ambos somos uno…

W.B.U.

viernes, 24 de mayo de 2013

Te pienso












(a mi esposa Ivette Papagallo Igor)

Te pienso
desde el entusiasmo,
en cada breve gesto
que realizas
cuando cruzas bamboleando
tus caderas mínimas,
en ese ir y venir constante,
casi autómata
delante de mis ansias lentas…
te pienso.

Te pienso en silencio
y a toda hora…

Te pienso
una y otra vez,
porque esta cultura salvaje
y peligrosa de pensarte,
de irte encontrando y
descubriendo en cada gesto,
me permite construirte,
anticiparte ahuecando mis manos
y así tenerte antes de que llegues…

Te pienso
desde el entusiasmo
que es esta ardiente paciencia
de anticiparte,
construirte lentamente
para tenerte antes de que estés aquí…

W.B.U.

viernes, 19 de abril de 2013

En el vinilo de los años...




Velando el sueño moribundo de mi padre
encontré un silencio que gritaba,
aullaba en los perros insomnes de calles nocturnas,
tictaqueaba en relojes sombríos,
huéspedes de paredes resignadas
en la casa en que habitan mis recuerdos infantiles.
También encontré un perdón tímido,
casi indiferente y amnésico
que ya no vale la pena recordar.
Es que el recuerdo de las penas
no es más que una cancioncilla vieja
que chicharrea en el vinilo de los años,
mientras velo el sueño moribundo de mi padre.

W.B.U.

sábado, 26 de enero de 2013

Por las orillas del instinto


W.B.U.

Quiero explorarte por las orillas del instinto,
caminarte demente y ansioso
sabiendo que el desnudarte
será simplemente un viaje intrincado
en el que me perderé para siempre
enredado en las crenchas negras de tu pelo.

Quiero rastrear tus olores en las estepas de la locura
donde se pierdan los motivos,
los compromisos y las razones
ofrendadas ante altares y las togas multicolores del deber.


Quiero libar el almíbar del descarrío
en el jergón proscrito
donde nuestras bocas se encuentran a mordiscos
ansiosas de minutos delirantes y siempre escasos,
porque en esos besos urgentes
se nos va la vida…





miércoles, 2 de enero de 2013

Los Amantes



















(W.B.U.)

Son locos,
insanos exploradores del deseo,
osados,
irresponsables,
convertidos en un incendio que atraviesa la noche
desde uno a otro lado de un universo
en expansión de sábanas…

No se miran,
se arden en visiones.

No se besan,
se muerden y babean
y se ladran
y se gruñen
con suspiros y gemidos proscritos…

Son ellos,
los sofocados eternos,
los sedientos…



viernes, 22 de junio de 2012

La Última Niebla



(Homenaje a María Luisa Bombal)
W.B.U.

Se alejaba la lluvia como una bandada de pájaros húmedos
y ella envolvía en deseo cada uno de sus pasos,
hurgando la tierra para buscar su olor, profundo y mojado,
cuando comenzaba a incendiarse el poniente,
cuando la noche comenzaba a nacer.

Con su mirada de fuego ya extinguida
y sus labios mustios atiborrados de secretos,
se atormentaba en un matrimonio quieto
hasta que su hastío fue iluminado por otra vida.

Lo volvió a ver tratando furiosamente
de acariciar y desear su fresca carne,
pero el  marido encontraba siempre,
entre él y ella, el recuerdo de la muerta.

Cansada del brebaje de la rutina denigrante,
se entregó al juego oculto,
porque la belleza de su cuerpo ansiaba,
su parte de homenaje en esta vida.

Le fue dulce el quejarse
y dulce a su cuerpo fue el cansancio
infligido por la preciosa carga
que pesó, a escondidas, entre sus muslos.

Después de alcanzar su pequeña muerte,
volvió a sus paredes y rituales,
y a una noche llena de fantasmas,
que amenazaba con ser muy larga.

Al no poder tenerlo es muy posible que,
más de una vez,
haya deseado morir en brazos proscritos,
porque, en ocasiones, se ama demasiado la vida.

Tan sólo con un recuerdo
se puede soportar una larga vida de tedio
y ella transformó cada minuto en una espera,
hasta que la última niebla prestó a las cosas
un carácter de inmovilidad definitiva…

viernes, 11 de mayo de 2012

Tocarte



















Tocarte,
desde las heridas a tus secretos,
y guardar en la noche de mis aprietos
el sabor dulce de tu piel,
para seguirte siendo fiel
a pesar de tus temores...

Tocarte,
sintiendo el miedo
a tu arrebato,
y guardar en la noche de mis silencios
el aroma que me trae el recencio
junto a las primeras convulsiones…

Tocarte,
tocarte siempre y a toda hora,
con manos exploradoras
avanzando bajo tu blusa
y tocarte sin excusas
para libarme con tu miel…

Tocarte,
tocarte con desmesura
para saciar la premura
de tu piel de albricias,
que implora por mis caricias
para convertirse en candiel…

Tocarte…
¿en qué lugar?
¿a qué deshora
te dejarás tocar?

sábado, 18 de febrero de 2012

Cuelgo mis heridas como medallas


















Cuelgo mis heridas como medallas,
en esta piel que se va resquebrajando
y en este camino no me van quedando,
más que estos trágicos dolores canallas.

Con ellos aprendo a vivir cada segundo,
como vienen los golpes voy resistiendo
a veces, pareciera que estoy pereciendo
pero mi corazón surge siempre, furibundo.

Cuántas veces he presentido mi muerte
y no es porque tenga sangre de horchata
sino sólo por saborear mi maldita suerte.

Pero continúo caminando con corbata
porque sólo te hace un poco más fuerte
aquel dolor horrendo que no te mata.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Cómo me gustaría poder hablarte de sueños

















Cómo me gustaría poder hablarte de sueños,
explicarte los caminos diversos de la vida,
pero ya ves, hijo, llevo mi alma dormida
vagando entre inútiles esperanzas y ensueños.

Desgarrándome en los límites sordos del dolor
mis lágrimas ruedan lentas como una letanía,
insuficientes, no alcanzan para salvar el día,
y mi piel va cambiando lentamente su color.

De tu silencio los murallones quisiera trepar,
desbastar las cadenas de tu maldito encierro
para liberarte y a este cruel destino increpar,

fulminarlo con voz firme, con mano de hierro,
rescatarte de sus garras sueño y a él descepar
aunque mi castigo sea la muerte o el destierro.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Escribir

W. B. U.

Lo hago para curar la llaga abierta,
para aplacar el dolor infinito
que es este dolor, igual a cualquier dolor,
igual al dolor de cada uno.
Lo hago para enfrentar la agonía cotidiana
que se asoma por las ventanas del silencio
con las primeras luces y los primeros gritos.
Lo hago por rebeldía,
para reírme un rato en el rostro del daño,
atreviéndome, vengándome, desgarrándome,
para desterrar el llanto,
para apaciguar el dolor con la palabra
y ovillarlo como un gato friolento y empapado.
Lo hago para curarme de todo,
para saldar las cuentas con el miedo atroz
de lo que sucederá cuando ya no esté.
Lo hago para conjurar,
para decretar con la palabra
aquellas realidades que son esquivas.
Lo hago para no mentirme
y poder decir que me duele,
a pesar de que este dolor ya aprendió el modo
de dormirse la siesta bajo un árbol
y, a veces, se queda dormido por algunas horas.
Lo hago para honrar también esta carne lastimada,
para reconocer que respiro a borbotones,
incluso a bocanadas,
aunque los pulmones nunca se llenan satisfactoriamente.
Lo hago para atragantar el alarido
que quiere escaparse y delatarme en medio de esta noche larga.
Lo hago, preso de la fiebre,
para poder beber el agua ponzoñosa del único charco
y seguir caminando, lastimado y sediento,
por el territorio del miedo...
Lo hago, ansioso, con desespero,
solamente para seguir vivo...

lunes, 29 de agosto de 2011

Benditas oscuridades





W. B. U.


Oscuridades de sombras,

tejidas en la tortura de imaginarte mía.

Oscuridades de quejidos,

de sudores y de asaltos desbocados.

Oscuridades sin respeto,

noches de suplicios gozosos

en los límites de una piel sospechada.

Oscuridades de sueños y de ansias.

Oscuridades de empeños,

libados suavemente en el altar de las tentaciones.

Oscuridades de excesos,

de fiebres benditas,

oscuridades, benditas oscuridades...

martes, 16 de agosto de 2011

Mis esperanzas son guijarros sordos









W. B. U.



Mis esperanzas son guijarros sordos

que caen y se pierden solitarios

en el oscuro pozo de la tristeza...



Se me imagina que son semillas

cayendo en suelo inerte,

tal vez vacas famélicas buscando

una verde heredad ajena...



Mis esperanzas...

¿Qué hago con mis esperanzas,

que no son más que un trémulo sueño

que se agazapa como un gato mojado

y se arrellana en una esquina

sombría y torpe?

miércoles, 27 de julio de 2011

Añoro saber de ti








W. B. U.



Añoro saber de ti,

me arrebato frente a la incógnita de tus pasos

¿en qué cornisas andarán, como gatas en celo, tus sonrisas?

Si tus caricias no son para mí, ¿qué otra piel iluminan?

¿qué otro intrincado espacio subyugas con tu voz?

¿a qué extraños labios estarás dando, ahora, un beso bien pintado?

Deja ya de entrar y salir de mi corazón

como un cuchillo que mata mis anhelos,

no insistas.

¿No ves que no quiero extrañarte,

pero te extraño

y en esto se me va la vida?

miércoles, 20 de julio de 2011

En el delirio de tus excesos

W. B. U.


Embriagándome en el delirio de tus excesos,
me sueño, una y otra vez,
refrenando tus pasiones
y, con más que rabia,
ofrendando los silencios que se amordazan
y dejan que queden mudos dos espíritus posesos.


Te sueño y me sueño
presidiendo tus espasmos,
robándole al aire el sabor de tus besos,
adivinando los mil néctares
que se escurrieren
en las zozobras de mis manos tercas.


Quiero morir embriagado en el delirio de tus excesos,
que adivino,
porque esta hambre no se sacia...
Mis ganas no se hartan
y después de amarte quiero poseerte,
bajar del espíritu a la carne
y atorarme de ti...
quiero morir atragantado de ti,
porque aún no he muerto.
Lo grita este dolor:
"Para morir mil veces y continuar muriendo...".


Embriagado en el delirio de tus excesos
quiero recorrerte con desmesura,
atolondrado, beber de tu lengua encandecida
y caer preso del embrujo de tu escote oscuro.
Dame tus hombros para recorrerlos
y perderme en el desvarío de mi lengua,
que ya adivina los rosados pétalos de tus pechos.
Dame tus ojos para besarlos,
para arrancarle los guiños y morderte la sonrisa.
Dame tus muslos blancos para recorrerlos lento
hurgando bajo tu falda y llegar a tus ruegos...


Entonces sentirás la urgencia
de beberme, hasta mis secretos...

sábado, 25 de junio de 2011

Para no olvidarte














W. B. U.
Déjame plantar los alelíes
a los que hueles
en el huerto de mis recuerdos.
Allí seré agua y abono,
para hacerlos florecer,
semillando luego
en los amplios potreros del tiempo
para no olvidarte...

lunes, 20 de junio de 2011

Todo fue silencio

W. B. U.


Todo fue silencio,
no hablamos ni tú, ni yo, ni la blanca cala,
que se mecía, tímida, en el jardín.
Todo fue silencio.

Antes,
se habían estrechado unas manos satisfechas
y dos cuerpos se habían acostado junto al perfume de las flores,
cuando se despedía el viento del otoño
y se percibían los primeros aromas del We Tripantu.
El rocío de la mañana, bajo sones de aves madrugadoras,
comenzó a borrar las caricias de tus manos en mi piel,
mientras una pifilka silbaba entre las alas de mi sombrero
adormado con las hojas de canelo que tejiste con tus manos.
Todo fue silencio.

El año viejo se quedaba atrás,
y miré donde mirabas
por si podía encontrarme con tu mirada,
pero ya era tarde y lo supimos.
La luna se despedía silenciosamente,
igual que nosotros,
entre la niebla y el vuelo lento de un cóndor,
en un cielo que se apresuraba en aclarar.
Todo fue silencio.

Cuando te vi partir por el camino del cerro
supe que sólo te acompañaba el rumor del viento,
entre verdes coligües, por el sendero que lleva al río,
y que tus lágrimas las enjugó una niebla
bajo las rogativas de un lejano Nguillatún.

Todo fue silencio,
no fue necesario decir más...

jueves, 16 de junio de 2011

Mendigarle minutos al día

Deambulo solitario por los oscuros senderos de la tristeza

sentenciado por tu mirada fría, vacía de ilusiones,
voy respirando como un autómata,
porque cada segundo se hace doloroso.
Quiero gritar, reclamarle a la vida mi derecho a ser feliz...
pero la vida es sorda, siempre lo ha sido
y lo seguirá siendo, eternamente...
¿Qué me queda?
sólo robarle instantes a esta ilusión,
mendigarle minutos al día,
respirando como un autómata...

sábado, 11 de junio de 2011

Hay algo que no entiendo

W. B. U.



¿Sabes? Hay algo que no entiendo
este espacio en el que coincidimos
es maravilloso, fascinante,
ya por si mismo es muy interesante,
y tú vienes ahora y me dices
que la única manera
de que yo lo pueda realmente disfrutar
es creyendo en un Dios hacedor
de toda esta maravilla.
Vamos, ¿qué te pasa?
está bien tener imaginación,
pero no al punto de que ésta
nos impida gozar este mundo,
por el sólo hecho evidente de que existe,
de que es perfecto en si mismo
y por el hecho de que yo estoy en él
por un instante.
Tú me insistes, en que debo creer en Dios
para gozar toda esta maravilla
y no te das cuenta de que ya estoy gozando.
Respiro este aire húmedo,
escucho el canto de los queltehues
alzando el vuelo y llamando la lluvia,
mientras en la radio, Sinead O'Connors
con su diáfana voz canta
"Nothing compares to you"
y yo, que decidí dejar de fumar
hace más de un mes
le capto todo el sabor


a esta cerveza Kunstmann,
que acabo de destapar...



lunes, 30 de mayo de 2011

Masacrando esta esperanza






















W. B. U.



Voy masacrando esta esperanza, lentamente,
con un llanto desgarbado.
Es un lamento quieto, sin deshonra,
que licua un alma mustia de tanto desconsuelo,
condenada para siempre al pecado de amarte en silencio,
a la angustia de verte caminar indiferente.

La mordedura ardiente de la melancolía,
incita este infinito dolor
y me deja el rostro abotagado de infamias,
en la convulsión de un miedo indigno.

Mis labios tiemblan de pavor,
ante el desconsuelo que echa raíces,
en esta casa vacía, en esta piel yerma
ante la soledad maldita que es esta ausencia de ti.

Mi rostro se empalidece, dolorosamente,
en una mueca de abyecta sumisión,
que no quiero, que no busco,
porque ciega de lágrimas,
ahogada en náuseas de terror,
voy masacrando esta esperanza, lentamente...

domingo, 22 de mayo de 2011

Siempre se están yendo...
















W. B. U.

Las calles están casi vacías,
los semáforos cambian de color,
inoficiosos.
Algunos vehículos transportan,
de aquí para allá, las historias inútiles
de tipos cansados.


El pavimento comienza a recibir
la llovizna en que te reflejas siempre
y el aire, nuevamente, huele a ti.



La noche se hace cada vez más larga
en esta soledad que palpita y me atrapa.
La noche tiene una sola dirección
cuando se contrae un corazón roto.



A veces,
cuando las lágrimas se repiten,
sólo queremos que alguien nos escuche,
que coincida con nuestro silencio,
con nuestra tristeza,
un momento,
y que con un leve susurro de labios
calme esta angustia
que se incuba, solitaria,
mientras arriba las negras nubes se van,
porque siempre se están yendo...

jueves, 28 de abril de 2011

Felices infelices



(Homenaje a la canción “Óleo de una mujer con sombrero”, de Silvio Rodríguez)













W. B. U.

En medio de la oscuridad que es tu pecho,
torrencial y gélida noche de temores,
veo una luz que vacila,
que titila triste un instante…

Corazón le llaman,
pequeño animal que teme,
alimaña, a veces,
que hoy se encoje en el estremecimiento
como una señorita buscando cariño…

Esa oscuridad promete dejarte ciega
por lo que no te atreves a dar el paso,
pero qué más da,
como susurra el trovador:
“la cobardía es asunto de los hombres,
no de los amantes”,
seres osados e irresponsables, envidiados
tanto más como bellos y audaces,
pero qué saben ellos, benditos ignorantes,
ni sospechan siquiera que el mañana existe…

Los amantes son el hoy,
felices infelices atrapados,
no pueden evadirse, escaparse
del hipnótico susurro del ahora,
que los convoca, los atrae fascinados,
seducidos en la eternidad del minuto,
en el placer jugoso del momento, hecho carne.

Los cobardes estaremos siempre anclados
al pasado y al futuro,
porque “los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias,
se quedan allí”,
arropados los pies, con la bufanda al cuello,
envileciéndose en la comodidad de un techo,
envejeciendo responsablemente...

Oh, vileza de la responsabilidad,
cuánto dolor…
“Ni el recuerdo nos puede salvar…”.

lunes, 18 de abril de 2011

Se derrama esta ilusión

W. B. U.


Se derrama esta ilusión,
que tú y yo llamamos felicidad un día,
hasta perderse impunemente
en el desagüe de la realidad.
Aterido de dolor mi cuerpo flota
en la alcantarilla del tiempo,
¿cuándo jalarán la cadena?

sábado, 9 de abril de 2011

Sin compasión




















W. B. U.


Despiadado él se alzó furibundo, encegueciendo
y la frágil razón de ella estalló en mil pedazos
todo desapareció, su sueño se fue muriendo
con ella, como si hubiera recibido el guadañazo.
En el ardiente fuego de su loco anhelo
de hembra, que nunca ha sabido esperar,
descorriendo de la escena el velo
comprendió todo y rompió a llorar.
Y para que nada faltase a su tortura
un grito la desgarró desde las entrañas
y fulguró sus pupilas una ráfaga de locura
porque se sentía atrapada cual alimaña.
Atrapada y expuesta a doloroso desplume
ella quiso desgarrar su piel compungida,
sobre la que permanecía el infame perfume
de aquella perversa promesa fingida.
En la playa de sus malditas esperanzas
vio su cariño mil veces ofrecido y rechazado,
arrastrado por viles olas de asechanzas,
que dejaban su amor con sangre manchado.
Cuando sintió en el pecho el deshonor
se estremeció en una convulsión siniestra
hasta que en el paroxismo de su dolor
comprendió que había perdido la palestra.
Con los ojos fuera de sus órbitas
ahogados en un llanto febril y terco
ella atinaba a mirar la careta irónica
y sentir el calor abrasador del desierto.
De tenerlo, pudo haberlo perdido todo
quizá, al final ésta fue su suerte mejor
seguro está el calor de casa y el acomodo
al hombre que da cariño que es casi amor.
También salvó la inocente voz del hijo frágil
que cándido no atinaba a comprenderlo todo
sólo pequeños esbozos de intuición lábil
descubría al mirar en la madre el triste rostro.
A pesar de su terrible dolor en medio
del pecho doliente y malherido
a pesar del desprecio cobarde y del tedio
debe seguir caminando su mal camino.
Su angustia era extrema, respirar le costaba
desgarrar el pecho quería, para que saliera,
la furiosa flama que por dentro le quemaba
al saberse despreciada y no compañera.
Mientras, bendito cielo azul soltaba arriba
su cóncavo dosel sobre el camino infame,
tálamo donde, acaso, la muerte y la vida
se enlazan perpetuamente para que no ame.
El infinito dolor de la hembra herida,
dividido entre las almas más errantes,
hubiera puesto taciturnos a todos en vida
pero no empañó con el más leve talante,
la divina armonía de la existencia que impone
que aunque por la vida camines, derecha o torcida
con aquella humildad, como Machado decir suele,
que debe ceder sólo ante la ley de la vida
y que es: “vivir como se puede”.




martes, 15 de febrero de 2011

Busco el silencio













W. B. U.

Busco el silencio para pensar
cuando la tarde derrama sus sombras
y las garzas alharacas
anuncian que se van a dormir
en la copa de un hacinado aromo.

Me sigo ahogando
en el amplio océano de esta soledad
a la que estoy condenado.

Los vuelos de las garzas
son mudos arpegios
en el pentagrama gris del cielo,
pero tornan en alegatos huecos
por una rama vacía
que disputan con algarabía
en medio de aletazos tercos.

Cae la tarde y las golondrinas
apuran su último festín de insectos
dibujando infinitos universos
que se expanden, cansinos,
en la superficie del tranque de Rautén.

Los grillos aparecen en la tarde
como gotas rubias cayendo,
impenitentes y constantes,
al tranquilo pozo del crepúsculo
y no aparece el silencio que busco
porque tu ausencia me grita
desde el confín de la distancia
en el que estás.

viernes, 4 de febrero de 2011

El ABC de la desdicha












(En honor al poeta chileno Rodrigo Lira Canguilhem, autor de "STP")

W. B. U.



Antes batallaba con destreza
entre finas golfas.
Hoy, imagino jalarles kimonos
lascivamente,
mientras nunca ñoño obsérvolas,
porque quiero rasguñarle
sus tersuras.
Un vil whisky xenófobo
yo zanjo.

Así busco conseguir
diversas energías fáciles,
ganadas honradamente.
Idolatro justo kilo,
la mínima ñapa
o para que rebaje,
superar tristes urgencias
valseando würlitzeres,
xerófilo ya zurrado.

domingo, 30 de enero de 2011

Tardes paseanderas











W. B. U.



El territorio de mi infancia
sabe a calafates agrios de Río Seco,
frutillas y translúcidas grosellas.
Sus sabores pálidos, verdes y espinudos
se clavaron en mi recuerdo
que tiene el sabor de tardes enteras
silbando con el viento,
corriendo tras una hoja seca.

Entonces, como ahora,
la felicidad no era gratuita ni eterna,
porque la ida fácil me hacía volar,
pero después la vuelta
la pagaba con un retorno lento.
El viento helado golpeaba mi cara,
atorando mi garganta a borbotones,
llenando mis ojos de lágrimas,
haciendo saltar mis mocos
mientras esperaba la caricia materna.

El territorio azul de mi infancia,
infinito de risas y luminoso de sueños,
lo caminaba en potreros asolados por la escarcha,
ansioso, siempre ha sido esa mi historia
y de la mano de mi abuela,
íbamos volteando bostas para descubrir debajo
el ambarino y sonriente sol de la achicoria.

En Barranco Amarillo
las tardes no eran jornadas de pesca
sino mariscar era el propósito
bajo la atenta mirada de la sabia chilota,
mi abuela,
cuando el Estrecho retrocedía
y como una mujer coqueta
se levantaba la falda mostrando los secretos de sus piernas.

Bancos de choritos, caracoles, mauchos y navajuelas
entre latones oxidados y alguna extraviada rueda
eran las mejores aventuras de mis tardes paseanderas.

Recuerdo la fuente de hierro
saliendo del horno de la casa vieja
con su cargamento de saladas y doradas lenguas,
y un olor a mar, que inundaba toda la pieza.

Mientras comía cientos de mariscos
escuchaba las entretenidas historias de mi abuela…

Hoy estoy tan lejos,
el territorio de mi infancia
no es más que una tímida escena
que se niega a morir en este corazón
de melancolía y de pena…

sábado, 8 de enero de 2011

Tu testigo









W. B. U.



Soy yo el que te ha visto crecer,
avanzar, respirar, parir,
hacer y dejar de hacer tantas cosas.

Contigo de la mano
he visto caminar veintinueve primaveras,
como hormigas del tiempo,
desde el balcón privilegiado de los años…

Y sigo siendo testigo de cada cosa que haces,
tus miedos los he resistido,
regalándote mis caricias,
enfrentándote a tus sombras,
iluminándolas.

Tu congruencia la he celebrado
como a un totem,
porque siempre me tranquiliza
saber que estarás allí,
en el límite exacto de mis necesidades.

Tus sueños alabo, tu respeto, tu solidez…

Porque te he presenciado desde mi silencio,
como un testigo mudo rubrico tu camino:
un hijo que es un ángel,
profesional competente,
fiel compañera,
amiga inseparable.

Porque te he amado he sido tu testigo,
espectador de cada cosa que has hecho,
hasta tus rutinas las declaro importantes.
Te he sacado de más de un pozo oscuro
y he trocado tu llanto en risa,
para que podamos seguir viendo
las primaveras que nos queden,
como hormigas del tiempo,
sucediéndose unas tras otras,
mientras las vemos,
desde el balcón privilegiado de los años,
tomados de la mano...

jueves, 6 de enero de 2011

Ni siquiera te vistas...









W. B. U.



No engalanes tu sangre de plumas,
ni colmes de luz escotes y portaligas,
no es necesario maquillaje,
ni músicas, ni luces, ni sombras,
porque tu risa,
sólo tu risa
desborda el río agreste de mis ansias.

No toques siquiera el brillo de tus ojos,
ni la pasión de tus palabras decores,
son suficientes así
con el sabor exacto
de tu deseo contenido
y mi voz azul
traducida en caricias mudas.

Ni siquiera te vistas,
que el mejor ajuar es tu piel y tu sombra.
Entra solamente por esa puerta,
tras la cual te espero.
Ansío verte como callas,
como sonríes,
como acechas y te ofreces,
para brindarte yo
mis arrebatos…

miércoles, 5 de enero de 2011

Tus bolsillos llenos...






W. B. U.

¿Dónde vas guardando los besos que no me das?
¿En qué oscuros bolsillos los ocultas?
¿Están muy llenos, ya?
¿Dónde guardas las caricias, los mordiscos,
cada uno de los placeres atrasados?
¿Dónde ocultas los deseos atormentados,
las ansias y el frío,
la sed y el hambre de mi piel?

Mujer, deja ya ese desvarío,
ese celo perturbado que te vuelve loca.
Huye de esos fantasmas que te enferman,
porque, al final de todo,
cuando quieres, cuando lo deseas,
te sorprende la fiebre, te traicionas,
caminas los pasos que no querías
y te niegas,
mientras la vida,
allá afuera,
te está esperando…

miércoles, 29 de diciembre de 2010

El Saco







W. B. U.




"Mamá" o "Mañana"..., no se entendió bien, porque -apenas- musitó un sonido ronco, tímido y, a continuación, apoyó la frente contra la tela fuerte del saco que lo contenía. Más que apoyarla, la depositó, como una hoja desprendida sobre el césped, cansado de tanto llorar.




La madrugada cómplice, sorda y muda, no permitió ver a la mujer, enajenada, arrastrando el bulto y encaminándose hacia el Puente del Monje, donde finalmente ejecutó el crimen con el que pretendía resolver impunemente su incapacidad de madre.





FIN

lunes, 27 de diciembre de 2010

Cinco









(Publicado en 1976 en el Diario "La Mañana" de Talca)

W. B. U.





Si tienes la oportunidad de coger una rosa,
no la tomes por su capullo,
tómala por sus espinas, y aprétala con todas tus fuerzas...
sentirás cómo las púas, se adentran por tu epidermis,
¡pero no, no la sueltes! ¡aprétala con todas tus fuerzas!
las espinas romperán la dermis, irrumpirán el nervio
y se clavarán en el hueso
¡pero no la sueltes!
te sangrará la mano y esa sangre soldará esa rosa a ti
y cuando ésta se desvanezca
sentirás que aún la tienes, porque fue tuya
te quedarán las marcas y con ellas la convicción de que fue tuya
cuando las espinas estén clavadas a tus huesos
nadie, absolutamente nadie, te la arrebatará
y será tuya...

...por una eternidad...
...desde el alfa al omega del amor...

Ojos color roble






(Publicado en 1981 en el Periódico "El Observador" de Quillota)





W. B. U.






Busco y busco
mil veces miro, no estás tú...
con la brisa del mar
viene tu recuerdo, agobiante...
y para mí, sólo eres un par de ojos
color roble...

Busco y busco
mil veces llamo, no estás tú...
viene tu imagen
a mi mente, indescifrable...
y sólo quiero ver durante un segundo
ese par de ojos color roble...

Sólo Dios sabe realmente
qué es lo que quiero
yo solamente
busco y busco
mil veces miro
mil veces llamo
y no estás tú...

Me abandono al deseo que tengo de usted






W. B. U.



Me abandono al deseo que tengo de usted.
Su sed es tan frágil que necesita ser saciada
como todas, pero como ninguna, ser amada.
Me entrego, por eso, al desvarío de su sed.

Me entrego a la promesa vertida a espasmos
aunque su promesa anduvo perdida y sola
no seré yo, francamente, ni sotana ni estola
que soporte aquel coro infiel de sarcasmos.

Seré el loco perdido que comete locuras,
ya escribo su nombre en una que otra pared
soy un bruto de amor, no digo finuras.

A veces altanero busco vuestra merced.
Unos días lento y en otros con premura
me abandono al deseo que tengo de usted.

jueves, 16 de diciembre de 2010

¿Qué es la vida, al fin...?




W. B. U.


¿Qué es la vida, al fin, sino este intento perpetuo,
este hurgar ciego y algunas veces atolondrado,
entre los racimos de una realidad sin compasión
en la que buscamos gotas esquivas, lágrimas acaso,
para saciar esta sed permanente de felicidad?

¿Qué es la vida, sino este simulacro doloroso,
este juego torpe y muchas veces ya sentenciado
en un escenario pletórico de fantasmas,
en el que nos enfrentamos al miedo constante,
a un aterrizaje forzoso en la realidad desahuciada?

¿Qué es la vida, sino esta falacia ingenua,
esta imbécil alegoría dependiente de la cuna
en la que te jugaste la suerte de nacer,
y que no termina de condenarte a la desesperanza
mendigando diariamente una sola oportunidad?

¿Qué es la vida, al fin…?

sábado, 11 de diciembre de 2010

Soneto XII







(De una mujer que no se daba cuenta de que era en si misma una heroína)
W. B. U.

Arriesgarte ante una realidad infame y cotidiana,
que te consume como un ocaso ávido de sombras,
enredándote sola en una telaraña que no compras,
hace que te conviertas en una heroína araucana.

No las loas dadas por extraordinarios trabajos,
ni por enfrentarte decidida a titánicos poderes,
que sólo en Hollywood ocurren esos placeres,
tan sólo el resistir frecuentes burlas y agasajos.

Imploras rescate pero aún no te das cuenta,
que desde el despertar y escuchar la diana,
cuando inicias tu viaje hasta la noche cruenta,

eres caminante que resiste, tan sólo humana,
eres romera valiente y eso es lo que cuenta,
convertirte siempre en una heroína cotidiana.

lunes, 15 de noviembre de 2010

En ese verde Edén



W. B. U.


En ese verde edén,
el verde césped se teme bermejecer,
se denegrece, decrece.
El jefe beréber cree tener
el reble cercén de Selene
en el verde césped.
Es desentender. Debe ser en el recel. Fe le excede.
Selene se ve render ensemble en él.
Este exceder depende del deber.
Él se ve hender entre bereberes,
pretende defender este edén.
Entender el heder en él es temer desdenes de Selene.
Se embebe en leche.
En el recel, Selene ve render el peldefebre,
ve crecer el tremer del beréber.
Selene pretende encender el semen en él,
en tres verdes meses.
Selene se ve esplender,
se desprende de “Recé en vez de temer”.
Selene expele: “Me preñé”.

Desde el pesebre, el jefe beréber,
pretende ver el breve lendel en el verde césped.
Pretende crecer en sesén,
vender desde tendel,
redeles, dehender receles,
teme en defender el trecén,
en sesén teme decrecer,
querer extender el verde vergel, le excede.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Quiero que llegues...






W. B. U.




Quiero que llegues
como pan,
como un milagro de cada día
en el hambre desesperada
de los bienaventurados.

Pero como no llegas
te sueño,
te sueño soñándome,
como un milagro
como tu pan cotidiano...

sábado, 23 de octubre de 2010

Fingiendo vivir



W. B. U.


Me voy quedando constreñida de vísceras,
muriendo de todo, lentamente, como un ocaso,
agobiante y torpe es esta muerte en vida,
en que no hago nada por seguir viviendo,
ni por morir.

No me golpeó tu desprecio,
sino tu apatía, tu falta de agallas…

Las esperanzas que fui tejiendo como una estola,
como retal de ilusiones que creía nuestras
las desgarraste de un tirón
y se pierden ahora
como gotas de un aceite añejo
que destilan lánguidamente,
tristes pétalos marchitos
que se pierden en las sombras
del recóndito pozo de esta soledad.

No tengo fuerzas para nada,
no puedo siquiera gritar.
Desgarrada quedó mi valentía
y hasta las lágrimas me han traicionado.

Lo único que se me ocurre
es abrir mi pecho
para sacarme de una vez este artefacto,
inoficioso músculo,
a veces altanero,
que late aquí dentro,
con el compás maquinal y austero
de ruedas roncas de tren sureño.
No quiero sentirlo más,
porque los ecos de su pálpito,
me suben a las sienes
y me fustigan,
como látigos hambrientos de esta carne triste.

La certeza de tu abandono no tiene compasión,
me desgarra,
haciéndome sangrar el aliento,
me hace güilas las fibras del anhelo y ya no queda luz.

El mate de la playa,
prometido y soñado hasta el cansancio,
como letanía de esperanzas,
sabrá a olvido y a soledad.
Y este útero ofrecido como patena de aguardos
se contrae ahora como un higo seco en la aridez del desengaño.

Necesito ahora esos besos,
los que te robaba,
esos besos indecentes
mil veces descubiertos en los pliegues de mi piel,
necesito ahora esos besos
para calmar la fiebre de este desgarro.

Pero sigue existiendo este amor maldito,
y este juego infame en el que debo seguir
fingiendo vivir…

lunes, 18 de octubre de 2010

Para atesorarme



W. B. U.


Despiertas recorriendo cada íntimo espacio
de ese cuarto que dejé.
Te sorprenden temblores al recordar,
resabios,
réplicas de noches abutagadas
de mi piel
y cruzas tus piernas
para atesorarme
por un instante,
persuadida de razones,
de inocencias.
Ya no estoy en tu cama,
sólo deambulo entre los intrincados pasillos de tu memoria.
Te peinas con dedos y uñas maltratadas
buscándome entre tus crenchas llenas de noche
y se te escapan nuevamente los quejidos y sollozos
como ecos desesperados
que intentan recuperar aquellas noches de pasión.

domingo, 3 de octubre de 2010

Bendita Fiebre



W. B. U.


Estos cuerpos se calcinan de tanto sol
enclaustrado de sábanas,
perdidos entre la noche,
que nos brindan las oscuras cortinas,
y caminan a tientas, con pasos estremecidos,
desfallecientes...

Resulta bendita esta fiebre que nos arrebuja
como niños malcriados, mimándonos,
entregándonos sus promesas atolondradas
como una epifanía de certezas.

Quiero explorar el calor de tus relieves
en una irresponsable travesía,
sin agua que calme estos ardores que incitan,
sin brújula que insinúe el camino de regreso.

A pesar del riesgo de consumirme
me acerco a ti, despacio,
porque tu bendita piel
vulnera la ímpetu de mis manos
que te encomiendan
a la oquedad de mi pecho ansioso.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Las Palomas de la Plaza de Armas


(Este texto obtuvo el 3º lugar en el Concurso de Cuentos del 40º Aniversario del Diario "El Observador" de Quillota, Chile)

W. B. U.

La pequeña niña tenía su cara embadurnada con helado de chocolate. Miraba absorta dos puntos en la Plaza. Apenas unos segundos observaba la pajarera, cuando otros tantos se quedaba mirando el Odeón.

-¿Qué pasa, Antonia?- preguntó la madre.
-¿Por qué están todos esos pajaritos allí dentro?
-Bueno, esos son pajaritos exóticos, que han traído de todas partes del mundo a Quillota y los mantienen allí, para protegerlos, porque en la noche hace mucho frío y se pueden morir- respondió sentenciosa.
Entonces la niña miró al Odeón.
-Y esas palomas, mami, ¿por qué no viven en esta casa?
-Bueno, mi niña, porque no pueden, no ves que le comerían toda la comida a estos pajaritos. En la vida hay quienes viven en casas alimentándose en forma segura, mientras que hay otros que no viven en casas y buscan su comida para vivir. Así es la vida. No hay nada que se le pueda hacer-, dijo respirando hondo tras concluir, satisfecha, el argumento.
-¿Y estos pajaritos de colores tienen la comida segura por vivir en esta jaula, mami?
-Claro, mi niña, y les dan comida y nosotros nos acercamos a la jaula para verlos comer y ver lo bonito que son, ¿no ves?-, terminó la madre, con una sonrisa forzada en los labios.
-¿Y las palomas?
-Bueno… ellas no, ellas deben andar por aquí y por allá, buscando su comida para vivir- sentenció la mujer, mientras intentaba saborear su helado, sin percatarse que su hijita, continuaba mirando una y otra vez a la jaula y al Odeón.

El sol caía diagonal atravesando una tupida pantalla de hojas, que los plátanos orientales habían esparcido formando un cielo verde y oscuro sobre la Plaza.

-Mami….-, la voz apenas se escuchó a causa de las demás risas infantiles.
-Dime hija…
-¿Tú crees que los pajaritos tienen más suerte o las palomas?- preguntó la niña.
-Pero claro que los pajaritos de colores, no ves que tienen casa y comida gratis-, señaló la madre, mostrando una sabiduría que le ponía fáciles las respuestas en su boca.
-Entonces, mami, ¿por qué las palomas parecen más felices que los pajaritos de colores?- preguntó la niña, mientras depositaba unos hermosos ojos verdes en el rostro de su madre.

La mujer carraspeó, se levantó del asiento, y tomando a la niña de la mano, continuó su camino…

-Anda, niña, tómate tu helado, que se nos hace tarde…

FIN

lunes, 27 de septiembre de 2010

Una vez más



W. B. U.

En la soledad del patio, él, un hombre que con inocente esfuerzo se arrimaba al umbral de los 35 años, jugaba, corría y daba vueltas, una y otra vez, siguiendo una órbita heliocéntrica en torno a su hijo autista. Recogía la pelota que le había lanzado cientos de veces para que el pequeño la tomara; sin embargo, el niño continuaba imperturbable, como una estatua de sal, atrapado en un halo de eterna inconsciencia que lo hacía encontrarse muy lejos, dentro de sí. La pelota le golpeaba suavemente el cuerpo, para alejarse dando breves botes, a unos cuantos metros sobre el césped.

Él, podría haber pensado qué sentido tenía todo aquello. Podría haberse dado por vencido. Pero como arrobado por una inconsciencia testaruda, prisionero de una fatalidad gratuita que encontró un buen día, recogía una vez más el balón, para lanzárselo al cuerpo.

Obstinado, quería ganarle al destino, quería vencer la derrota que la realidad le había propinado a los sueños que se había forjado cuando esperaba el nacimiento de la criatura: iba a jugar al fútbol con su primogénito varón, tal como habían jugado con él. Le regalaría una camiseta azul. Esperaba que su hijo golpeara el balón para que él, bajo los tres palos, simulara que su esfuerzo no podía evitar la conquista. Entonces, desde aquel día tendría que comprarle botines con estoperoles y las canilleras de última moda, tal vez llevarlo uno que otro domingo al estadio.

Él le lanzaba la pelota mientras lo estimulaba, pero los vítores rebotaban contra las solitarias y mudas paredes de la propiedad:

-Muy bien, ahora viene corriendo por la punta derecha, burla a uno, a dos, a tres, levanta la cabeza, lo mira mejor ubicado en el centro del área y le lanza el paseeee…-gritaba, jadeando.

Y ahí acababa todo. El eco de sus palabras se ahogaba abruptamente en el sordo pozo de la realidad. Terminaba el ataque de un equipo imaginario estrellándose contra la inclemente realidad de su hijo que sólo atinaba a quedarse de pie y a mirarse los dedos, que movía con extraordinaria habilidad, escribiendo increíbles historias en el aire.

No sabía cómo derrotar esa barrera infranqueable de soledad y aislamiento en la que estaba encerrado su retoño. Nadie podía saberlo, ni la ciencia con todos sus adelantos lo había podido insinuar siquiera, pero él, con una ceguera terca, iba una y otra vez a la carga, como un equipo que debe vencer a una cerrada defensa rival; sin embargo, tenía la llave en su poder sin saberlo siquiera. Lanzaba ya la pelota sin esperanzas, sólo porque debía hacerlo, en la soledad y quebranto de una paternidad malograda, y esa era, precisamente, la llave que liberaría su infortunio, porque continuó empecinado, como gota que orada el granito más duro, lanzando una y otra vez el balón.

-La para de pecho, la controla, se pasa a uno, se pasa al segundo, levanta la cabeza, lanza el pase, se huele el gol… se huele el gol…

Pero avanzaba la tarde y ya la luz adecuada para la práctica del fútbol, se había ido hacía rato, sin que él lo hubiera notado prudentemente. Además, su hijo de tan quieto que estaba en el centro del patio, sobre el césped, absorto, se estaba enfriando y podía coger un catarro.

Él, el padre obcecado, no había perdido la esperanza, sencillamente, porque no la tenía.

Sólo sabía que tenía que ir a la carga una y otra vez, para derrotar el aislamiento de su hijo, para hacer sucumbir esa barrera que, como una pared de piedra lo separaba de la vida común y corriente. Y en vez de haberse convertido en una gran máquina o cíclope que hiciera colapsar de un golpe la dura roca, se había vuelto una pequeña hormiga, testaruda y ciega, que iba silenciosamente, en medio del patio de su casa, mientras se iba la luz del sol, llevándose uno a uno los miles de millones de granos que conformaban esa pared egoísta para hacerla caer.

De pronto, él, el padre pertinaz, creyó ver un breve brillo de conexión en los ojos de su hijo y dificultosamente vio como su silueta, recortada tenuemente contra las sombras del patio, comenzaba a moverse…

En un momento, todo quedó suspendido por los finos hilos de la esperanza, padre e hijo fueron cómplices de una misma realidad. Desde el fondo del patio se elevó furioso un largo grito apagado miles de veces:

-¡Goooooooooooolllll!


FIN

jueves, 23 de septiembre de 2010

El sueño solitario




W. B. U.

Su soledad era tan grande como el pañuelo de seda que le habían regalado para su cumpleaños y ya el vacío casi perpetuo en el que se encontraba desde hacía meses, lo mantenía agobiado. Su conducta social era áspera y de un retraimiento hostil, propio del más cerril de los campesinos.
Sumido en las sombras más profundas de su cansancio, pero motivado por una necesidad tan imperiosa como recóndita, estaba Hernán soñando una vez más en aquella noche. Como víctima de un febril delirio, despertaba una y otra vez y volvía a quedarse dormido para continuar un sueño testarudo y perseverante, en el que un joven trigueño, delgado y de cabellos despreocupados, iba tomando forma y se le aparecía, cada vez más definido, en medio de un sinuoso camino rodeado de jardines.
En su inagotable deseo de compañía, Hernán era puro empecinamiento. Estaba empeñado en utilizar el poder de la palabra para crear de sus sueños a otro ser humano. Para darle vida a quien le acompañaría a ver transcurrir lentamente el calendario. Sólo para él, como un adolescente que descubre la potencia del amor. Su palabra era dicha e imaginada en sueños, perseverante y decidida, tan testaruda como el Obelisco de la Avenida 25 de Mayo. Su palabra era tenaz como un ruego.
Entonces, en el limbo de su conciencia, quería quedarse dormido cuanto antes, dejándose abandonado en el mar oscuro de su soledad, para que lo venciera nuevamente el sueño. Su palabra creadora en forma de ruego, comenzaba a trepar desde una soledad profunda, desde un abismo atlántico, elevándose como letanía encadenada en una rogativa seria y misteriosa. Su invocación monocorde doblegaba la quietud de sus dormidos labios y comenzaba a musitar suavemente el nombre de su creación, un muchacho que sería la compañía idealizada con la cual derrotar su soledad.
Entonces su palabra soñada fuertemente y musitada por unos labios dormidos se convertía en el verbo creador, dando forma a un vacío que intuía y se convertía así en un tímido dios, jugando a la creación.
Pero entonces surgía un ruido impertinente, un fastidioso accidente en el silencioso universo de su pieza y Hernán despertaba, transpirado, ansioso y molesto, incitado por su sublime esfuerzo de crear a un nuevo ser humano que lo acompañaría para siempre, que sería esencialmente fiel consigo mismo y con su soledad infinita. Él sabía que faltaba poco para que su palabra, su verbo creador se hiciera carne, formando con su creación una nueva e intrínseca relación, porque su creatura sería una persona, un otro que lo amaría como él ya intuía amarlo. Y su relación sería un nuevo Espíritu Santo, sería la máxima y plena expresión del amor infinito y veraz entre dos personas, que serían una.
Pero así como faltaba poco para lograrlo, faltaba poco para que llegara el día. Los cielos de Buenos Aires comenzaban a teñirse del grisáceo resplandor que viene desde las más lejanas superficies del Océano y Hernán sintió miedo de no poder lograrlo. Sabía que tenía que empeñarse aún más en su esfuerzo y recurriendo a las últimas fuerzas de una desesperada noche, se obligó a dormir para encontrar inmediatamente a su joven amado tendido en el prado de su jardín. Allí él estaba cómodo y seguro, como nunca, pero esta vez él sabía que no podía despertarse, porque si lo hiciese el alba ya habría llegado y todo su esfuerzo se perdería en el arrollador torrente de la conciencia. No, él no se permitiría despertar. Despertar suponía enfrentarse a una soledad que lo carcomía insensiblemente, por lo que decide acercarse al joven, en medio del jardín y de sus efluvios primaverales.
Él comienza por acariciarle un torso desnudo y corpulento y la sonrisa es correspondida, pero lejos de ese jardín, detrás de los altos abetos comienza a crecer lenta y sostenidamente el ronco y metálico ronronear de un reloj-despertador. Es el trabajo que llama, la oficina que llama, esa realidad abyecta que lo envilece sin compasión y a cada minuto del día es la que lo está llamando, insistentemente, desde la campanilla del despertador. Hernán se desespera y se oculta entre los arbustos de su jardín. Toma de la mano a su joven creación y deja que éste lo cobije con un brazo musculoso y lleno de vigor. Entonces mientras el sonido del despertador pretende destrozar la armonía del jardín, Hernán se entrega a un beso que lo borra todo, se entrega a un beso mágico que vuelve mudo ese maldito ronroneo metálico y por primera vez es feliz, es tan inmensamente feliz que todo ha desaparecido. Han desaparecido las preocupaciones, los miedos. Ha desaparecido el sonido del despertador y su jardín, ha desaparecido su joven compañero y ya solo, cree todavía sentir el vigor del robusto brazo, porque ahora todo es oscuridad y silencio…
El detective corre la cortina del cuarto para dejar entrar la luz, pero es la sonrisa en el rostro del cadáver de Hernán la que ilumina la triste habitación. Está muerto sobre su cama, sin lesiones aparentes atribuibles a terceras personas que explicaran su deceso. Como un presuroso juicio, el detective anotó en su libreta: “como si no hubiese querido despertar” y se fijó en una sutil sonrisa que le había quedado grabada en los labios. Era una sonrisa que daba cuenta de haber encontrado las más absoluta felicidad.


FIN